Conocí a Hikari durante mi primer año como inmigrante, cuando la preocupación fundamental era sobrevivir a los interminables trámites burocráticos que implicaba ser una recién llegada sin ancestros ibéricos conocidos —o comprobables— y no ahogarme entre facturas. Hablaba castellano con un acento marcado. Sus padres eran peruanos de origen japonés. Resultaba increíble que aquella muchacha de ojos rasgados y piel casi translúcida pudiera sesear como la más castiza de las madrileñas.
Coincidir con ella fue de lo más refrescante porque, aun habiendo nacido en realidades muy diferentes, nos unían el amor por la música rock, las tardes interminables en bares de barrio, la lectura constante y, sobre todo, la cocina. Su abuela, cien por cien nipona, logró transmitirle en muy poco tiempo la maravillosa alquimia de la gastronomía japonesa. Así que fue inevitable que compartiéramos conocimientos: yo le revelaba los secretos del mojo cubano para acompañar una buena yuca, y ella me confesó que lo que más le evocaba el país de sus raíces —ese que nunca había conocido, aunque soñaba con hacerlo algún día— era un plato llamado Piman no Nikuzume o, en buen español, pimientos rellenos. Reproducirlo se convirtió en una obsesión. No solo por la aceptación que tuvo en casa —con un esposo amante de todo lo nipón, difícilmente podría haber sido de otra manera—, sino porque este plato, relativamente sencillo en su preparación, logró transportarme a mí, una cubana de La Habana, a una casa tradicional japonesa con jardines cuidados, estanques de peces koi y cerezos en flor en una fresca tarde de abril. La misma estampa que tantas veces muestran las películas de samuráis gobernados por el honor.
Ingredientes
- Pimientos italianos : 3 o 4
- Carne picada mixta(ternera y cerdo): 250 g
- Media cebolla
- Pan rallado: 3 cucharadas
- Leche: 1 cucharada
- Mayonesa: 1 cucharada
- Ajo Rallado: 1 diente (o bien ajo en polvo, o que te sea más sencillo)
- Una pizca de sal y pimienta
- Harina o maicena para espolvorear
- Vino blanco: 2 cucharadas
Para la salsa
- Agua: 2 cucharadas
- Salsa de soja: 1 cucharada
- Zumo de limón: 1 cucharada
- Ketchup: 2 cucharadas
- Miel: 1 cucharadita
- Cortamos la media cebolla en cuadros finos y los pimientos italianos en cilindros medianos, retirando las semillas del interior. Espolvoreamos con harina o maicena el interior de los pimientos para evitar que la carne se pegue durante la cocción.
- Tomamos la carne picada y le añadimos el pan rallado, la leche, la mayonesa, el ajo, la pimienta, la sal y la cebolla. Una vez tengamos la mezcla homogénea, rellenamos los pimientos con cuidado de compactarla al máximo para que durante la cocción no se nos desmonte.
- En una sartén con un chorro de aceite de oliva —lo justo para pintar la base— sellamos la carne ya incorporada a los pimientos. Una vez las bases se hayan dorado, añadimos el vino blanco y dejamos cocer a fuego bajo durante diez minutos.
- Mientras tanto, preparamos la salsa integrando todos sus ingredientes.
Reservamos los pimientos y en la misma sartén espesamos la salsa resultante, una vez lista añadimos los pimientos, bañándolos bien en la salsa y dandoles otros 5 minutos de cocción.
El resultado es un plato fantástico, sano e ideal para cualquier ocasión.
Pruébalo y cuéntame qué historia te trajo a la mente.


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